10/7/09

Capitulo 4

Mi amigo

Había pasado una semana desde que tuve ese último sueño. Las cosas en la casa seguían igual: mal. Había empezado la escuela y la mayoría de los chicos ahí eran tontos e inmaduros. Algunos de los varones me observaban interesantemente entre clases pero no les daba importancia. Era la primera vez que me gustaba ir a la escuela, eso significaba que no tenía que estar en mi casa.
A la tarde, cuando salía de ahí, pasaba por la casa de Jared donde guardaba mi tabla, no tenía intención de ir a mi casa.
Jared. El estaba más feliz que nunca, estar en Australia era algo hermoso, nunca había tenido la economía suficiente, por eso, a la edad de veinte años estaba trabajando cuidando de una adolescente. En realidad, no hacía nada. No era como en mi casa que tenía que llevar a mi padre a todos lados o acompañarme a hacer las compras, incluso limpiar a veces. Pero el sueldo que el pagaba mi padre por mes era lo suficiente para que viva normalmente. Él era parte de la familia. Hace años que trabajaba con nosotros. Ahora en Australia, se la pasaba durmiendo, ya no tenía que llevarme a fiestas o levantarse temprano para ayudarme a elegir la ropa que iba a ponerme. Eso ya no me importaba, era un infierno vivir ahí.
A menudo iba a la casa de Charly a que me cuente historias de mi papá cuando era chico. Era increíble, se comportaba peor que yo. Siempre que estaba con él reía, tenía cosas divertidas para contarme.
Un día después de la escuela me dirigí como siempre a la casa de Jared pero al tocar el timbre nadie contestó. Golpeé fuertemente la puerta ¿No era que él tenia que estar siempre que yo lo necesitase? ¿Dónde se había metido? Golpeé otra vez la puerta en intenté abrirla con el pié cuando Jared me abrió rápidamente. Se lo veía abatido, los tonos en su cara se habían ido, solo estaba pálido. Sus ojos estaban intranquilos y espiraba fuertemente.
-¿Pero qué te ah pasado?- Pregunté histérica, él era la única persona que podía estar conmigo en ese momento.
-Estoy enfermo. No se preocupe, ya pronto pasará- Se sentó en el sillón. Su cuerpo estaba caído, no estaba bien.
-Jared, tu no estas bien, ¡mírate la cara!-
-Señorita, estoy perfe…-
-No- Lo interrumpí -Primero no me trates formalmente, solo soy una niña y segundo… pareces muerto, acuéstate-
-Lo lamento señor… Allyson. Querías ir a Sidney hoy, yo te llevaré, es mi trabajo-
-Ni lo pienses. Al único lugar dónde iras es al doctor. Y yo manejaré-
-Jaja- Qué irónico –No puedes manejar, no tienes licencia aún tienes quince, falta un mes para tus dieciséis…-
-¿Y?-Lo interrumpí –Eso no quita que no pueda manejar, vamos- Jared no se resistió, estaba muy cansado para discutir. Bajamos las pequeñas escaleras y nos dirigimos al auto blanco.
Manejé lo más normal que pude, aún así el auto sufrió un pequeño percance. Llegamos al hospital y tras un soborno de mi parte entramos a la sala de un doctor.
-Supongo que tú eres el enfermo- Dijo el hombre señalando a Jared. Era obvio.
-Si- Contestó con apenas un susurro, no se le escuchaba la voz.
-Señorita tendrá que salir. Ya me entiende- Claro que lo entendía, iba a revisar a Jared. Por la cara del hombre supuse que no era nada bueno.
Esperé fuera de la sala media hora “¿Por qué tardaban tanto?” Miré mi celular y tenía cinco llamadas perdidas de Juliette “¿Qué quería? Estaba más ocupada para hacerle favores a mi “madre” ”.
El doctor asomó la cabeza del consultorio y me hizo señas para que entrase.
-Mire…-
-Allyson- Lo ayudé
-Allyson-Repitió- Su hermano…-
-No, no es mi hermano es mi… mi mayordomo-Dije avergonzada, no cualquiera tenía uno.
-De acuerdo. Él esta mal. Acá le mando a hacer unos estudios- Ahora se dirigió a el- ¿Eres mayor de edad?-
-Tengo veinte años-
-De acuerdo. Ve a hacerte los estudios, cuando los tengas hablamos-
-De acuerdo- Respondí apresudaramente.
Volvimos a su departamento con el auto sin una luz y con un vidrio roto. No era buena conduciendo. Subimos las escaleras, lo ayude pues no podía ni respirar. Entramos a la casa y lo acosté en su cama. Le puse un paño mojado en la frente cuando le iba a tomar la temperatura sonó el timbre. Era raro, Jared nunca recibía visitas.
Abrí la puerta y una señora de avanzada edad me habló.
-Disculpe la molestia pero quería avisarle que hoy estuvo una señora tocando timbre desesperadamente, venía con un niño y un hombre. Le quería decir por las dudas- “Chusma” Pensé. Pobre Jar, ¡La vecina que le había tocado!
-Gracias- Le respondí totalmente desagradecida, la señora no tenía porqué espiar lo que no la incumbía.
Le cerré la puerta en la cara y le di de tomar un antibiótico a Jared. Su fiebre cada vez subía más. Me quede con él toda la noche, tenía miedo que le pasara algo. No me importó haberme perdido el viaje a Sidney, cuidarlo a él fue mucho mejor.
Dormí incómodamente en el sillón. En realidad no dormí demasiado, a las seis de la mañana tocaron la puerta. “¿Será la vecina?” No le pensaba abrir si era ella.
Totalmente despeinada me levanté y mire a través del pequeño agujero de la puerta esperando encontrarme a alguien no importante pero otra cara apareció detrás de la puerta. La abrí a esta completamente y abrasé a mi padre que me miraba seriamente del otro lado.
-¡Papá! ¡No sabes cuanto te extrañé! Ahora estas aquí me vas a llevar contigo ¿verdad? ¿Verdad?-No respondió. Solo me miró serio. -¿Qué pasa? ¿Acaso no estas feliz de ver a tu hijita?
-Allyson- ¡No! Solo me decía Allyson cuando estaba preocupado o enojado. -¿Qué haces aquí?
-Jar estaba mal y decidí hacerle compañía, ¿Esta mal?
-No, no esta mal, pero ¿No pudiste avisar Allyson?- Todo el barrio se había despertado por su grito-¡Me vine dese Estados Unidos aquí porque no aparecías! Juliette me dijo que no apareciste por tu casa, te llamó al celular y vino aquí pero tampoco estabas ¿Acaso es una broma?
-No te enojes, no estuve porque lleve a Jared al doctor y lo del celular… olvidé prenderlo, no tenía batería-
-¿Tampoco pudiste llamar desde aquí?
-Me olvidé, te pido perdón ¿Me perdonas? Es que es horrible vivir aquí, ¡con ella! Quiero ir contigo papá ¿Cuándo cumpla los dieciséis podré verdad? Ya seré mayor de edad ¿Podré?-
-No lo sé, ojala. Solo quería asegurarme de que este bien –Me acarició la mejilla suavemente- Debo irme, interrumpí mi trabajo porque tu no aparecías. Ve a tu casa y toma –Dejó un cheque en mi mano- Págale a Jared una eminencia. Estará bien, ahora ve a seguir durmiendo. Y mira que llamaré para ver si volviste a tu hogar ¿De acuerdo?-
-Si- Lo saludé con un abrazó y comenzó a bajar la escaleras cuando lo interrumpí con mis palabras- Pa, te quiero-
-Yo también Allyson-
Se fue.
Volví a entrar a la casa y comencé a escuchar pequeños susurros. Fui a la habitación y ahí estaba Jared hablando solo.
-¿Qué haces?-
-Ally, ayúdame, estoy alucinando-
-¿Qué?-Reí ante el comentario.
-Si, veo cosas en el techo. Cosas de colores-
Levanté la vista. No había nada.
-Ve a darte un baño, estarás mejor- A continuación me tiré devuelta en el sillón a descansar.
Esta vez me interrumpió el teléfono. Levanté el tubo y escuché la enojada voz de Juliette gritándome en el teléfono. Le contesté con pequeñas palabras y corté. No me arrepentía de nada de lo que había hecho el día anterior, me había gustado desaparecer, no tenía que verle la cara ni a ella ni a su perfecta familia.
Intenté dormirme otra vez pero no puede, ya me habían despertado.
Fui a la habitación de Jared al escuchar pequeños ruidos. Al entrar no vi a nadie. “Claro” Pensé “Jared se fue a duchar” Pero cuando intenté abandonar la habitación los golpecitos seguían estando.
Caminé rodeando la cama que estaba en el centro de la sala y ahí estaba mi mayordomo-adolescente tiritando en el suelo.
-¡Jared!-Grité lo más fuerte posible. Me tiré a su lado y le toqué la frente. Estaba ardiendo. No paraba de temblar, supuse que era convulsiones. Llamé urgente a un doctor y solo pasaron cinco minutos al llegar.
Le abrí la puerta totalmente destrozada. Jar era la única persona en la que podía confiar, la única persona con la que quería tener una amistad en ese país, la única persona que me acompañó a todos lados y me apoyó en lo que me estaba pasando. Él era mi amigo, yo confiaba en que no le iba a pasar nada.
Luego de unos quince minutos de que el doctor entró, este apareció por la puerta.
-¿Qué pasó?- Le pregunté totalmente preocupada.
-Lo lamento señorita pero debo comunicarle algo que no es del nada agradable-
-¿Qué... Qué pasó?- Pregunté. Un escalofrío recorrió mi espalda.
-Los síntomas son perfectos, aquí tiene una serie de estudios para que se haga-Me entregó unos papeles –Cuando sepa los resultados le daremos el diagnostico. Ahora esta durmiendo…-
-Pero ¿Qué tiene? Hay algún indicio de algo…-
-No estoy seguro pero puede llegar a ser leucemia-
-¿Qué?- Por supuesto que había escuchado hablar de la leucemia pero no tenia idea como se combatía la enfermedad -¿Cuánto salen los remedios? estoy segura de que mi padre los pagará-
-No entiende señorita- Comentó el doctor con cara de pocos amigos –Es una enfermedad terminal.