El ruido de las turbinas de avión llegaba a mis oídos que casi no me dejaba escuchar mis pensamientos.
-Viaje a Australia de las 8:15, cinco minutos- Se escucho en el aeropuerto. Todavía me acordaba del papel que firmó la jueza:
-Allyson- Escuché la voz de mi padre a mis espaldas – Recuerda que te amo- A continuación me abrazó. Las lágrimas caían de los ojos de ambos.
-Papá- Susurré. Aunque quisiera hablarle, mi boca solo soltaba pequeños susurros. Prefería estar muerta.- Te voy a extrañar… mucho.- Lo volví a abrazar y la voz del altoparlante se escucho devuelta.
-Te acompaño- Mi papá tomo mis maletas y nos dirigimos al avión. Luego de unas palabras dulces me despedí de el y subí a la gran máquina. Miré por la ventana y salude a mi padre. El ruido de las turbinas se hizo más intenso y el avión comenzó a despegar. Cerré los ojos y dormí casi todo el viaje.
Luego de unas horas, mis oídos se aclararon y entro un rayo de luz por la ventana, estábamos aterrizando.
El avión toco el suelo con sus ruedas y observé el panorama a través de la ventana. Era un lugar hermoso, odiaba decirlo pero el país no tenía nada que ver con mi madre ¿No? Solo que ella creció allí pero creía que debe haber una persona así de mala como ella en Australia, Estados Unidos, Tokio, Argentina y Chile. No importa en que parte del mundo, ella podía estar en cualquier parte.
Una voz invisible anuncio que había que bajar del avión, y después de una hora de papeleo tenía el camino libre hacia la puerta principal del aeropuerto. Pensé en escapar e ir devuelta a Estados Unidos pero algo en mi cabeza me decía que no me iba a favorecer mucho si hacia eso. Caminé con mis maletas hacia la luz del exterior, pasando entre toda la gente, pues, era un horario tarde y la gente estaba agitada y agotada por el calor que hacia en Canberra. “Encima que tengo que volar a Australia no es a Sidney” Pensé afligida. Eso mucho no importaba ya que estaba ahí parada sin nada que hacer mas que enfrentarme a un destino horrible. Llegué a la puerta principal y allá, en un auto blanco con vidrios polarizados se encontraba Jared, el mayordomo y mano derecha de mi papá. Jared tenía apenas veinte años, pero trabajaba con nosotros porque su padre y su abuelo lo habían hecho. Mi padre lo mando a Australia, a un departamento, para que no me pase nada en manos de “ella” y que me ayude en todo lo que podía. Iba a ser mi compañía. Era un chico encantador y muy atractivo. Su pelo color castaño oscuro y sus ojos color azules hacían notar que había tenido un día agotador, él había llegado antes que yo. Mis ojos celestes claros se fijaron en él. Era la primera alegría que tenia desde que había llegado a Canberra.
Corrí hacia su auto y lo abrasé. Al principio no reaccionó, pero después al darse cuenta de quien era respondió el abrazo. Nos soltamos y le sonreí. Tomó mis maletas y me dijo con voz seria (Aunque me quisiera y yo lo quisiera, el estaba trabajando y merecía mi respeto) – Señorita Mercuit, deje que le cargue las maletas- Así lo hizo y a continuación las subió al baúl del lujosos auto y me abrió la puerta del asiento trasero. Subí no con muchos ánimos, pues, ya sabía a donde me llevaba. El auto comenzó a moverse y avanzamos lentamente, para que después el carro se moviera más rápido que la luz.
–Jared, podríamos ir más lento, vamos a chocar- Le dije con amabilidad pero a la vez con preocupación.
-Como usted diga, disculpe- Respondió y me volví a acomodar en el asiento.
El paisaje era hermoso, los árboles se levantaban a los costados y de lejos se podía divisar el mar. Era casi todo playa, estábamos en la costa. Aunque eso lo amaba, yo era una chica de ciudad. Había crecido el La gran ciudad de Nueva York y me había criado mi padre bajo el cálido sol de California.
Los niños jugaban en la calle y los adolescentes reían en la playa. Estaba emocionada mirando como dos chicos surfeaban cuando no me di cuenta de que habíamos parado y Jared me había abierto la puerta del auto.
-Esta es la casa.- En verdad, la casa no era gran cosa. Estaba acostumbrada a más aunque sabía como respetar a las personas de inferior nivel. Igual dudaba de que ella sea una persona sino un monstruo.
Mi mayordomo bajó las valijas y las depositó en el parqué de la puerta principal. Me miró con intriga. Ese chico me conocía más de lo que yo pensaba.
-O lo haces tú o lo hago yo- Expresó. Sabía a lo que se refería.
-De acuerdo, lo hago yo- Levanté mi mano con gran dificultad, mi corazón decía que no pero mi cerebro que si, y toqué el timbre. Al rato, una señora de unos treinta y cinco años, si tenía treinta y cinco pues era mi madre, me sonrió muy alegre:
- Pasa linda- Me dijo aún sonriendo. “¿Linda?” Cuando pasé tratando de que mi cara no muestre ningún sentimiento, me abrazó y yo me solté de ella.
-No me vuelvas a abrazar nunca más- Le dije lo más fría posible.
-Allyson, no sabes cuanto te extrañé- Comentó aún sonriendo. Parece que lo que le decía le entraba por un oído y le salía por le otro.
- ¿Me extrañaste? ¡Yo también! Ja-ja – Expresé sarcásticamente pero ella no lo tomó así.
-Pasa, te mostraré a la familia- “¿La familia?”
- Mi familia está en L.A- Contesté soltándome de su mano que había pasado por mi hombro.
-Bueno, Allyson también tienes otra familia, yo soy tu madre y tienes que aceptarlo- ¡Que caradura! ¿Cómo se atrevía? Pero tenía razón, no podía hacer nada que cambiará tener sangre de aquella persona.
Llegamos al Living de la casa, Jared estaba detrás de nosotros con las maletas en manos. Al ver que paramos las soltó por el peso que estas tenía, de pensarlo no hubiese llevado tantas cosas.
-Ally…- La interrumpí antes de que pudiera seguir.
-Allyson. Para ustedes es Allyson y si no me dirigen la palabra mejor- Su cara no hizo ni una mueca, continuó sonriendo.
- Esta bien. Allyson ése es mi padre o sea, tu abuelo Xavier, él es mi esposo Francis y sus padres Lauren y Jack, y él es tu hermano Lucas, es dos años menor a ti. Tiene 13- “Lo sé, se contar” – Y como sabes yo soy Juliette, tu madre.- Si, lamentablemente lo sabía.
–Tu cuarto es el de arriba a la derecha, ¿No quieres comer algo?
-Nada que este en esta casa o este hecho por tus manos, me voy a mi habitación- Dije haciendo énfasis en mi.
-De acuerdo- Dijo ella – Te llamo para la cena-. Yo reí.
-No pienses que comeré con ustedes, Jared me va a llevar a otro lugar, totalmente lejos de aquí-. Todas las personas presentes lo miraron a Jared que me acompañó a mi cuarto a dejar mis cosas y ayudarme a ordenarlas.
Pasado un largo tiempo bajamos y con la mirada fría caminé delante de ellos que estaban riendo y me fui hacia el auto blanco, Jared me abrió la puerta y me hizo entrar. Manejó cinco horas hasta llegar a Sidney, donde posaba el restaurante más caro de toda la costa. Comimos muy tarde, la distancia era larga. Antes de volver le dije que me lleve a conocer el puente Harbour y ahí estuvimos hasta las doce de la noche.
Me llevó directo a la casa por lo que llegamos a las cinco de la mañana. Me abrió la puerta y se fue a su departamento. Yo entré y ahí estaba sentada mi “madre” mirándome con cara enojada. Pasé delante de ella como si no hubiese pasado nada.
- ¿Dónde estabas? ¡No sabes lo preocupada que me tenías!- Yo solo reí y ella continuó -¡Debiste avisarme! Soy tu madre…
- Un segundo- La interrumpí –Si eres mi madre ¿Dónde estuviste todos estos años? Escucha atenta lo que te voy a decir: ¡Tú no eres nadie!- Enojada pero a la vez satisfecha me dirigí a mi nueva habitación y dormí placidamente hasta las tres de la tarde.
Mi pesadilla
Mientras dormía toda la mañana y tarde, tuve una pesadilla. Se hallaba un chico de unos dieciséis años en un país lejano, que no conocía. El chico era huérfano y había sido mandado a un orfanato donde unos hombre malvados habitaban. El chico pasó dos años bajo sus amenazas y golpes hasta que el hogar fue vendido a otro hombre. Este nuevo hombre era una persona excelente y de a poco se fue transformando en un padre para el chico. Su vida estaba cambiando lentamente hasta que un día cambió por completo. El niño se encontraba en la escuela donde conoció a una chica. Una chica hermosa de cabello largo y ondulado hasta la cintura con unos ojos color café. El chico se enamoró al instante y la invitó a su casa para explicarle algo que no entendía de la escuela. Este chico, digámosle “X” llevo a la chica, digámosle “Y” al orfanato que era su hogar. A Y no le importó donde vivía porque ella lo había aprendido a amar.
De a poco X y Y estaban muy enamorados, no les importaba nada, ni siquiera que el padre de Y odiaba su relación. Pasaron dos años.
Un día X se levantó de la cama y observo la habitación que compartía con sus compañeros de casa. Se acerco a un calendario y vio la fecha. Se habían cumplido cinco años de que sus padres habían muerto. Dolorido por recordarlos, recordar cuanto los amaba, se fue a un bar donde bebió hasta no sentir su corazón. Pronto no supo que hacía y no tuvo conciencia. Cuando despertó a la mañana siguiente estaba tirado en una plaza, enfrente del bar del día anterior “¿Qué pasó?” Se pregunto X.
Fue hacia el hogar donde los esperaban todos sus amigos, su patrón y la esposa de este que estaban totalmente enojados. Al chico lo habían retado mucho después por desaparecer un día. Mientras continuaba la pelea sonó el timbre y entro su novia con su padre, como era usual. Con ellos había más gente. Estaba el socio de su padre, con su esposa y su hijo. “Y” se veía muy contenta hablando con el hijo del amigo de su padre. Llamémoslo Z. Y y Z charlaban gustosamente y cuando X se acercó a saludar a su novia, esta le corrió la cara y le dijo que no lo quería volver a ver.-¿Por qué?- Preguntó X malhumorado. No lo entendía el día anterior estaban felices y ese día Y estaba apegada a Z. –Me engañaste, ayer en un bar, te vi- Le dijo su novia. O ex novia.
X no se acordaba de haber hecho eso.
El sueño fue algo borroso en ese entonces. Me moví de la cama, estaba incomoda,
No era algo lindo para soñar. Se trataba de una separación y yo me había ido del lado de mi padre. Pobre.
El sueño continuó, logre volver a dormir.
Había pasado un mes desde que X y Y se habían separado y esta ultima estaba con Z “Caradura” siempre repetía X.
Un día, Y se sienta al lado de X y le dice: “Te tengo que decir algo”. X se había hecho muchas ilusiones pero lo que ella le dijo solo lo hizo asustarse: “estoy embarazada”.
En ese mismo momento comenzó la pesadilla.
X volvió a su país natal llevándose con él a Y, ambos querían que su bebé este bien por eso se mudo con Z a Estados Unidos.
Unos meses después había nacido su hija. Una nena rubia y de ojos claros.
Un día la nena de solo un año, se quedó en la casa del padre y este cuando despertó por sus llantos encontró una carta junto a la mesa. Calmando a la nena leyó al carta de Y que decía que ella no podía vivir en otro país sin su familia, que estaba feliz con su nuevo novio y no podía seguir viendo a X.
Y llamaba de vez en cuando. Necesitaba saber como estaba su hija. La niña creció y vivió con su padre felizmente. A veces lo escuchaba a él discutiendo con su madre por teléfono, pero ella nunca había halado con Y.
Un día de tormenta la niña se despertó temprano y su padre le confesó que había recibido la carta de un juez.
La chica tuvo que viajar al país donde su padre había recibido apoyo y dónde se había enamorado.
En ese momento desperté. Pues, el sueño no podía continuar, a menos que yo le escribiera un final. Dirigí mi mirada al reloj, eran las tres en punto. Me estiré y levanté la vista. La pequeña habitación que me rodeaba daba una sensación escalofriante. A un lado el espejo viejo de latón ocupaba una parte del cuarto, la pequeña televisión estaba en frente mío y a un costado a la puerta. Lo más genial de ahí estaba dentro del armario donde se encontraba mi ropa y mis zapatos. Salí de la cama, me vestí y sin importarme lo que piense “Y” tomé mi tabla de surf y bajé las escaleras.
Todos los presentes me miraron esperando algo de mi. No hice nada, solo intenté ir a la puerta principal hacia la playa pero Ella me detuvo.
- No creas que voy a olvidar lo de la otra noche Allyson- Dijo con voz amargada. Había estado llorando.
- No me importa si lo olvidas o no ese es tu problema- Caminé devuelta hacia la puerta pero me volvió a detener.
-¿Sabes que día es hoy?- Preguntó
- ¿El día en que los diablos se ponen contra las quinceañeras? Déjame en paz-
- Allyson! ¡No te atrevas a cruzar esa puerta sin antes escucharme!- Antes de que pronuncie la ultima palabra ya había pegado un portazo en la puerta. Caminé frente la casa donde empezaba la playa. Era un lugar hermoso para descansar y para montar olas. Eso fue lo primero que hice. Corrí hacia el mar, un lugar donde podía ser libre, podía nadar sin que nadie me dijera nada. Me deje llevar por las olas hasta que vi la puesta de sol. Salí del mar y me tiré en la arena, necesitaba descansar estaba agotada. Delante mío escuche unos pasos y a levantar la cabeza vi unos zapatos a continuación de un traje. “¿Quién iba a la playa en traje?” Claro. Era Francis el esposo de ella, el enemigo de mi padre, el factor Z.
-Estas totalmente mojada- Dijo. Me levanté para dejar al descubierto todo mi cuerpo lleno de arena debido al agua salada.
-¿Qué quieres?- Si había una persona a la que odiase mas que a mi madre era él. Todo había sido porque él había aparecido en sus vidas.
-Tu madre te llama, tienes que ir, es el cumpleaños de tu hermano- ¿De quién?
-Yo no tengo hermanos, mi papá esta soltero- Dije totalmente fría.
-Mi hijo, es tu hermano.- Comentó con cierto enfado. Justo lo que quería.
- No me importa ese mocoso- Hablé.
-Ven ya mismo, todos te estamos esperando
-No
-Allyson
-No tienes derecho a nombrar mi nombre ¿Entendido?
-Allyson, eres solo una niña no tienes control ante mi ni ante nadie
-Tú no eres nadie
-Se nota que fuiste criada por ese cavernícola
- ¿Disculpa?
-Nada, solo ven ahora mismo
-No iré. Voy a arruinar la fiesta, pues YO tengo sangre de ese cavernícola que es mi padre y también tengo sangre de ese demonio que se hace llamar mi madre
-Mira Allyson- Francis tomó mi brazo con fuerza – O vienes ya mismo o…- No continuó, sabía que conmigo no podía. Me soltó el brazo. –Ven en diez minutos- Se fue echando chispas.
Llena de arena caminé hasta la casa de Jared y toqué la puerta con fuerza. Jared la abrió totalmente despeinado.-Señorita Mercuit- Trató de arreglarse un poco al verme en la puerta. – Pase, ¿Que desea? Estoy a sus órdenes.-
-Solo quiero saber si quedo algo de ropa desde mí llegada aquí.-
-Si, hay un pequeño bolso- Dijo invitándome pasar.
-Me cambiaré, tengo una “fiesta”.
Entré al baño y me cambié dejando mi ropa mojada y con arena en el piso. Jared lo limpiaría. Salí del baño, él me estaba esperando en la puerta del auto, lo veía desde la ventana. Siempre tan genial. Sabía todo y estaba en donde se lo necesitaba.
Baja las escaleras del departamento y subí a la parte trasera del auto. Me llevo hasta mi nueva casa y me abrió la puerta.
-Estoy a sus ordenes- Repitió saludándome –Cualquier problema solo marque mi número- Comentó.
-Lo se- Fue lo único que respondí.
Entré a la casa y visualicé toda la gente que había, desde adolescentes hasta niños y adultos.
-Ally, ven a comer algo- Entre la música pude distinguir la voz de ella llamándome.
-No me digas Ally- Le dije cortante. Luego me presentó a un montón de personas que tuve que saludar, aunque no tenía idea quienes eran.
-¿No me vas a decir nada hermanita?- Preguntó Lucas.
- Mira nene, no soy y no voy a ser nunca tu hermana- Me acerqué a él arrogante -¿Entendido?- Quise levantar el puño pero solo me iba a traer problemas.
-Entendido-. Dijo el chico asustado.
-Bien, e iré a dormir, necesito descansar
-¿No quieres un poco de torta de frambuesa?- Dijo Juliette, ella, mi madre o quien sea.
-Soy alérgica. Apúntalo
-Lo siento, no sabía- Contestó.
-Deberías. Cualquier tipo de madre lo sabe- Le dediqué una mirada desafiante, recuperé mi verdadera voz y dije –Me voy a dormir
Subí las escaleras entre la multitud que ocupaba toda la casa.
La puerta que me dividía de mi habitación estaba trabada del lado de adentro “¿Qué diablos…?” pateé la puerta y gracias a mis lecciones de karate pude abrirla. Al entrar un montón de adolescentes estaban mirando mis cosas y desordenando todo.
-¡Váyanse ya de aquí!- Mi voz retumbó en toda la sala y todas las personas que estaban ahí salieron corriendo ante mi mirada enfurecida. Cuando quede yo sola cerré la puerta con llave y me tiré en mi cama. Comencé a llorar. Todo era genial hasta que ella quiso estar conmigo. Vivía tranquilamente con mi padre en Los Ángeles, siempre tuve lo que quise pero sabiendo comportándome, no eran caprichos, él me había educado como una persona. Luego fui a Australia donde tenía una madre despreocupada, con un esposo sin cerebro y un hijo que era un maleducado. Encima todo el tiempo estaban mi “abuelo” y los padres de Francis. Era horrible esta vida. Por suerte estaba Jared para cuidarme y quererme. Pero ese era su trabajo, no era lo que él sentía. Seguí llorando por un rato hasta que decidí llamar a Jared para que me llevara a dar una vuelta.
-Señorita- En el teléfono se escuchaba cansado. Que bien, hasta para él era un estorbo. Le colgué y apagué el teléfono, no lo quería molestar. Aunque ese era su trabajo quería que por lo menos sea feliz, que no sufra como lo estaba haciendo yo. Solo se lo deseaba a algunas personitas de ese mismo país.
Tocaron la puerta. Y una voz irreconocible para mí se escuchó.
-Allyson, quiero hablar contigo- Dijo. No se porque lo hice pero esa voz inspiraba confianza. Abrí la puerta y un hombre de unos cincuenta años con unos ojos celestes y un pelo rubio oscuro me sonrió.
-Allyson, es un gusto conocerte- Dijo el hombre.
- Y usted ¿Quién es?- Todavía tenia la puerta a medio abrir.
-Mi nombre es Charly- Respondió alegremente. No había motivos de estar alegre, no lo entendía.
-Ya se quien es- Dije contenta. Mi padre me había hablado mucho de él –Es un gusto conocerlo, es un gusto conocer al hombre que medio-crió a mi padre- Sonreí.
-Ally… ¿Te puedo decir así no?- Preguntó entrando a mi habitación.
-Usted si- Le contesté mientras volvía a cerrar la puerta con llave, no quería que nadie más entrara.
-¿Cómo estas? Ya eres toda una mujer, te pareces a tu padre-
-Gracias a Dios me parezco a él-
-…Aunque tienes el mismo pelo de tu madre, y sus dientes-
-Que genial-Respondí sarcásticamente.
-Jaja, eres muy graciosa-
Me quedé hablando con Charly hasta que se hizo la una de la mañana y la fiesta estaba acabando.
A los cinco minutos de que se fue, tocaron la puerta. Pensé que era él que se había olvidado de decirme algo así que abrí. No, no era Charly, era Jared.
-¿Estas loco? Es la una de la mañana ¿Qué haces aquí?-
-Señorita estaba preocupado, intenté llamarla pero no respondió, luego llamé a su padre…-
-¿Qué hiciste qué?-
-Había pensado algo malo, no se escuchaba bien al teléfono-
-¿Porqué no entraste? ¿Qué te dijo?-
-Francis me dijo que era una fiesta privada, ahora que se que esta todo bien me iré a dormir- Dijo obviando mi segunda pregunta.
-Un segundo Jared, ¿Qué te dijo mi padre?
-Se asustó y trató de tomar un avión pero lo detuve, deberías llamarlo- Hizo una pausa –Ahora si, me voy- Me saludó con la mano y se fue.
Cerré la puerta con llave y llamé a mi papá. Después de aclarar las cosas con él me acosté en mi cama y me dormí de inmediato.
Increíblemente y lamentablemente tuve el mismo sueño que la noche anterior.
